• Sincrético

¿A los cuantos kilos?

Actualizado: 4 may

Tengo tiempo conociendo a una persona… ¡No mames! es la persona más linda que he conocido en el mundo; es increíble; me trata bien; platicamos de todo y de nada; salimos al cine, hablamos hasta tarde y pareciera que no le pesa desvelarse. Me siento tan conectado. Pareciera que es una idealización pero no; realmente me trata bien y me dedica tiempo.

Hoy le confesé que me gusta, que tengo interés en “algo más”, conocernos mejor y ver si podemos darnos la oportunidad de ser novios. Pero su respuesta fue inesperada; injusta y dolorosa. Me dijo: “Si tu cuerpo fuera diferente, podría andar contigo”.

Me gustaría decirte que lo que acabas de leer es un chiste o una historia barata que me inventé frente a mi computadora, en mi departamento de Nueva York para crear contenido y decir algo como: “Y mientras me rechazan de manera maratónica por no llenar expectativas de mi cuerpo no pude evitar preguntarme ¿Será acaso este el ser amado? Desafortunadamente fue real.

Ese día me rompí el corazón, porque una persona no me dio valor por la forma de mi cuerpo. Y digo me rompí porque mi valor como persona y lo que podía ofrecer se lo dejé a la opinión de otro, mi autoestima volátil no me permitió decirle; “Pues vas y chingas a tu madre” y llevarme mis carnes conmigo a donde si fueran deseadas. Fue una turbo mamada, pero me hizo un favor.

Mi frágil auto estima se fue por los suelos, me enojé tanto y me entristeció bastante su mensaje sobre mi apariencia, que cometí la pendejada de pensar “voy a hacer que se arrepienta”; Spoiler: si se arrepintió.

A esta persona no le importaba mi contexto y mucho menos yo, sólo se beneficiaba de lo que tomaba de mi, todo esto más su respuesta, afectó mi ego; ergo, que pinche autoestima culera tenía.

Y aunque la figura de mi cuerpo no es una opinión pública comencé a cambiarlo con dieta, ejercicio y junto con mis pedos mentales de ese momento conseguí un cuerpo más aceptable. La gente empezó a notarme, empecé a recibir cumplido e invitaciones a salir. ¡El gordo estaba triunfando, papi!

Vaya me estaba inventando y creyendo la mentira de que, lo que me hacía atractivo era que me estaba transformando en el ideal colectivo, en lo canónico, en lo que es aceptable. Bulleaba a mi yo de antes por ser más gordo y me presentaba como: ¡Hola soy Neto y antes era esto, pero ahora soy mejor!.

Le entré al juego de esta persona, mi discurso era: “¡Cabrones, la persona que me rechazó tenía razón!”. Pensaba que como era mi cuerpo no merecía ser amado o aceptado.

Tal vez me escuches y emitas el juicio: “¡Ay wey pues que pendejo eras!”… Y sí, tienes razón… que pendejo. Permití que la opinión de una persona afectara mi imagen.

Pero, ¿Acaso nunca te ha pasado? ¿Acaso las palabras de la familia, amigos o las personas que quieres no han resonado? ¿Nunca te han felicitado por modificar tu cuerpo?, o por tener menos panza, más músculos o haz escuchado algo como: “Estás muy alta para ser mujer; vas a batallar para conseguir pareja; un hombre chaparro nunca se va a ver bien; no me pongo tacones para que no te veas más bajito que yo; ya estás subiendo de peso; tienes muchos granos; muchas manchas; muchas estrías; estás muy bonita pero tienes boca de vato; lo tienes chiquito; tienes las tetas muy caídas; deberías hacer ejercicio; con esa falda se te ven los huevos; mejora la raza; que prieto; ay no que feo; se le nota la panzanocha” Todas y cada una de estas acertadas observaciones ya las sabemos… ¡Verga! sabemos quienes somos y que tenemos. Estos comentarios sólo hacen que nos enfoquemos en eso que es “imperfecto” o negativo hasta el punto de tener una visión distorsionada de nuestro cuerpo.

Ahora bien, no se trata de apoyar los malos hábitos que afectan la salud o de romantizar conductas que comprometen nuestra vida. Al contrario, el mensaje de esto es: No te metas en el pinche pedo de alguien más porque puedes tocar cosas que duelen, eso es sádico apático y habla más de ti que de la otra persona.

Estamos muy lejos de dejar de opinar sobre el cuerpo de la gente, el llamado Body Shaming es una normativa en la sociedad, a veces no somos conscientes de lo que decimos y del impacto que podría tener en otros y aun así seguimos practicándolo. Es aquí donde tener una autoestima chingona te va a ayudar a saber cual es tu lugar y poner en su lugar a otros.

¿Sabes que vergas es la autoestima y para que sirve? De manera peladita es la evaluación que tienes de ti mismo. Es la fotografía o el video mental sobre como te reconoces. Comúnmente se cree que tiene que ser positiva, pero lo correcto es que sea objetiva, que permita aceptarnos a lo largo de la vida, ya que no es criterio fijo sino que cambia en el tiempo y en el contexto. Aquí es un trabajo constante de vernos, conocernos y darnos el valor que realmente tenemos.

Déjame hacerte una pregunta: ¿Qué te hace cogible? ¿Tu sonrisa, tu inteligencia, tu calidez, tu empatía? ¿Qué te hace follable y antojable? Si la respuesta es solo tu cuerpo, entonces cuestiónate si tu autoestima está en el nivel que la necesitas.

Si no puedes responder esta pregunta o tu respuesta no te convence o hace click te sugiero prestes atención a estos puntos:

1.-La Norma es diversa, lo normal es diverso: Aquí hablamos de los estereotipos, de lo esperado por el groso de la población comparado contra la realidad. Hay muchas formas, muchas líneas, muchos colores y muchos pelos y a veces no hay. Hay rollos en la piel, y diferentes tipos de rollos. Tu cuerpo no es un currículo que tiene que llenarle el ojo a un empleador. Tu cuerpo es tu máquina que hace ejecutable lo qué pasa en tu mente, solo tiene que responder a tus propias expectativas.

2.-Aunque nos neguemos a que pase, el cuerpo se transforma: Envejecemos; nuestro cuerpo pasa por muchas etapas. Fluctuamos en pesos, porcentajes de grasa y músculo, la piel cambia, todo va cambiado y no nos quita valor ni validez que nuestro cuerpo sea diferente de un mes a otro y tampoco es motivo de debate.

3.-La opinión y los filtros de Instagram son una fantasía: ¡Voilà! Las expectativas que tenemos del cuerpo de los otros y los filtros de las aplicaciones son fantasías. No es mío, es de ellos. Aceptar las opiniones sobre tu cuerpo es ponerte chingocientos filtros para que te acepten en redes y tener mas seguidores. No necesitas un filtro social de belleza. ¿Cuantas selfies necesitas tomarte para que te gustes en una, ponerle filtros y publicarla para que sientas aprobación de los demás?

4.-La terapia es canasta básica para la autoestima: He escuchado muchas veces decir: “¡Que bueno que bajaste de peso!, por tu salud. Hazlo por salud”. Pero se les olvida que la salud también es mental y necesitamos un equilibrio. Podemos llegar a dejar de hacer cosas que nos aportan mucho mentalmente como visitar un bar con unos amigos o una deliciosa cena hipercalórica, tal vez invertirle horas de más al gym y perdernos de la gente que amamos. Ir a terapia ayudar a fortalecer la autoestima, a mejorar la objetividad de cómo nos vemos, reconocernos y amarnos. Preguntémonos: ¿Cuanta salud mental nos puede costar tener un cuerpo aceptable?

5.-No está mal cambiar lo que no te gusta de tu cuerpo. Junta los cuatro puntos anteriores y si quieres cambiar algo de tu cuerpo… !Hazlo!. Pero por ti, porque cuidarse también es amarse. Porque también es saludable vernos como queremos, pero con una autoestima saludable y con objetivos claros de que queremos. Si la idea es cambiar para sentirnos aceptados por otros, aquí es donde todo se puede volver caótico. Los cambio son para ti. Baja de peso, sube músculo, cuida tu piel, ponte chichis, ten un culazo que levante más hombres que funeraria quítate un poco o ponte más, o simplemente no hagas nada, pero que sea para ti, desde tu valor, porque la opinión de otros no es nuestra realidad.

Recuerda que lo que yo pueda opinar de una persona habla más de mi que de ella. No tienes la obligación de gustarle a nadie más que a ti y tampoco tienes que ser bello o aceptable dentro de la norma para tener valor, ya lo tienes sólo por existir, sin necesidad de tener la validez del colectivo. Eres lo que eres y quien eres, eso debería ser suficiente.

Empieza a valorarte ¡Ya!. Porque, ¿A los cuantos centímetros, a las cuantas pieles sin estrías o sin celulitis, a las cuantos selfies o a los cuantos kilos es válido amarse y aceptarse?.


¿A los cuantos kilos? es una transcripción del Podcast de Sincrético, Episodio 03 .