• Sincrético

De cine, mole y pozole

Hay una verdad, todos los seres vivos necesitamos comer, pero los seres humanos desarrollamos amor por la comida; hemos convertido el comer de una simple necesidad fisiológica a una verdadera experiencia que se queda en la memoria de nuestras papilas gustativas y de nuestros recuerdos. Aprendimos a vincular las emociones con la comida, porque el comer no sólo se trata de meterle cosas a la panza; podemos transformar una cena con amigos o un desayuno dominguero en un experiencia gastronómica tan maravillosa donde involucramos todos los sentidos y creamos vivencias.

Y nada mejor que el cine para plasmar las perspectivas con la que la comida nos sorprende y nos conmueve, así sea a través de un platillo que nos recuerda la infancia; una carne asada que nos evoque momentos con la familia; un postre que nos haga revivir un amor; o incluso una bebida que nos mueva a un momento amargo. Porque la comida no discrimina nuestras experiencias, sólo las guarda y las revive.


Las escenas en torno a la cocina, los sentimientos que emanan de ella y como la gente se comunica usando la comida, es un tema recurrente en las películas; algunas incluso ya son clásicos que forman parte de la cultura pop y de nuestra memoria colectiva.

Hasta donde sabemos la primera vez que se vio a una persona comiendo en una película fue en uno de cortos que filmaron los hermanos Lumiere, específicamente en “El desayuno del Bebé” de 1895. No podemos decir que ésta es una película propiamente dicha donde la historia gire alrededor de la gastronomía, puesto que sólo era una escena cotidiana de unos cuantos minutos, donde los Hermanos Lumiere buscaban retratar eventos de la vida diaria a su alrededor.


Años después, en 1925, Chaplin filma una de las escenas clásicas del cine y precisamente gira alrededor de la comida. En La Quimera de Oro, Chaplin interpretar a un hombre pobre atrapado en una cabaña en medio de lo mas crudos inviernos, sin nada que mas comer que una vieja bota hervida a manera de sopa. Esta escena tan simple es de las primeras que usan a la comida para transmitirnos los sentimientos del personaje y a su vez del discurso de la película, como una critica a la sociedad y la dura vida de los pobres.


Como la película de Chaplin, hay una infinidad de títulos que usan la comida para transmitirnos emociones; así como los musicales lo hacen con las canciones; hablarte de todas esas películas seria una tarea imposible, pero podemos platicar de algunos títulos que harán que te enamores mas del cine y de la comida.

 

Advierto que a hablare con spoilers, es inevitable contar detalles de la trama para poder platicar en profundidad, así que están advertidos. Empecemos con:

Comer, beber, amar.

Una película taiwanesa de 1994. Dirigida por Ang Lee, antes de llegar a Hollywood y ganar el Oscar por Brokeback Mountain, sí, aquella de los dos vaqueros que… ¡Ay! sigo sufriendo contigo Ennis Del Mar.


Comer, beber, amar, nos cuenta la historia del señor Chu y su complicada relación con sus tres hijas. El señor Chu es un chef ya retirado que vive en Taiwan, su esposa murió hace muchos años y lo dejo a cargo del cuidado de sus tres hijas. El señor Chu tiene un gran problema, le cuesta mucho comunicarse con sus hijas y trata de hacerlo de la única manera que sabe hacerlo, a través de la comida. Cada semana prepara una gran comida para reunir a la familia y así mantener el lazo entre ellos. Para las hijas, que ya son adultas, esas comidas se han vuelto una tortura, ya que cada vez soportan menos la compañía de su padre y se revelan ante él tratando de alejarse de todo su entorno.


Esta película es de las que mejor retratan el amor por la cocina, todas las escenas donde el Señor Chu, prepara las comidas para sus hijas, están filmadas con tanto detalle que podemos percibir olores y sabores a través de imágenes. Les aseguro que al ver esta película, “Comer, beber, amar”, van a terminar con hambre y con ganas de salir del cine e irse al mejor restaurante de comida china que conozcan.


Es maravilloso como esta película muestra la manera que los alimentos afectan intensamente los sentimientos. Porque donde las hijas del Señor Chu sólo ven comida como algo cotidiano, su padre puede oler, ver, saborear y sentir recuerdos, momentos de su vida a lado de sus hijas, y como estos van y vienen mientras la comida se va preparando.

Irónicamente, el Señor Chu trata de acercarse a sus hijas a través de la comida pero centra tanto su vida en la gastronomía que es precisamente esto lo que lo aleja de ellas.


“Comer ,Beber, Amar” nos habla de una filosofía de vida donde la paciencia, el esmero y la dedicación alrededor de una mesa y la buena comida se vuelve en una manera de comunicarnos.

 

Otra película que usa la comida como un punto de unión de las personas es:

El Festín de Babette

Ganadora del Oscar a mejor película extranjera, es una película danesa dirigida por Gabriel Axel. El Festín de Babette, sucede en la Dinamarca del sigo 19, específicamente en un pequeño pueblo extremadamente puritano, donde las personas viven de manera muy dura y ortodoxa su cristianismo, renunciando a todos las comodidades y los placeres de la vida.


Hasta que un día llega Babette, una francesa que huye de la guerra en su país. Babette encuentra refugio en casa de un par de hermanas ya ancianas. Las mujeres le dan trabajo a Babette como sirvienta y ella se siente tan agradecida que cuando gana un premio en la lotería usa el dinero para prepárales una cena con los mejores platillos de la gastronomía francesa. Las ancianas al inicio no quieren aceptar el regalo porque va en contra de sus principios pero terminan aceptando e invitan a todos los vecinos del pueblo, con los que previamente se ponen de acuerdo para no dar muestras de satisfacción porque eso seria algo muy pecaminoso.


Babette usa todo el dinero ganado en la lotería para comprar los mejores ingredientes, algunos incluso traídos desde el extranjero, y prepara una cena espectacular. Los vecinos poco a poco se van dejando llevar por el ritual intenso y emotivo de la cena y van cediendo al placer de la cocina francesa de Babette, experimentando por primera vez un orgasmo gastronómico, todos se vienen en seco.


El Festín de Babette no sólo es de las mejores películas sobre gastronomía, es sencillamente una de las mejores películas de la historia. Es imposible no sentirse conmovido al ver a esos ancianos revaluar sus vidas completas al probar una copa de vino o unas perdices horneadas y volver a vivir los momentos mas felices de su infancia frente al sabor de un postre.


El Festín de Babette nos habla de como la comida puede unir a las personas por muy distintas que sean. Pero sobre todo nos recuerda de que estamos en este mundo para disfrutarlo, que la vida es muy corta para no apreciar la belleza que hay en la compañía de los amigos, el disfrute de una buena comida y la alegría que todo esto nos trae. Finalmente son esos momentos los que harán que valgan la pena vivir y serán lo único que nos llevaremos al morir.

 

Y de Dinamarca nos vamos hasta Vietnam, al Saigon de de los años 60s donde Mui, una joven de 20 años trabaja como sirvienta para Khuyen un joven de clase alta de quien está enamorada desde que era una niña. Mui usará su talento en la cocina para ir enamorando poco a poco a su patrón. Este es el argumento de:


El Olor de la Papaya Verde.

Aunque suene a doble sentido o albur, El Olor de la Papaya Verde es una película de 1993 dirigida por el entonces debutante Tran Anh Hung. De nuestra lista es tal vez la mas difícil de todas por ser una película algo lenta y llena de silencios. Pero la neta vale la pena, cada uno de los 90 minutos que dura son una experiencia visual de no mames, una película casi casi poesía en toda la extensión de la palabra.


Cada toma de la película está muy cuidada y se concentra en los detalles de la preparación de la comida. Es como observar un ritual pausado y ceremonioso, donde la cocinera elabora cada platillo como si fuera un toloache o brujería para conquistar a su amado.


En el estreno el director comentó que con la película quería hacer un homenaje a su madre, que al igual que la protagonista pertenecía a esa generación de mujeres vietnamitas que habían vivido aceptando los sacrificios para satisfacer a los demás; que adoptaron la sumisión como vía para mostrar su amor a la familia y a la pareja… lo cual no suena tan diferente de la ideología latinoamericana.


Esto al día de hoy, en medio de los movimientos feministas nos puede resultar en un; ¡aaaaah no mames!, pero la película no hace juicios de valor, sólo retrata la situación de una época y así como muestra la sumisión de la mujer también muestra a los hombres de las clases acomodadas en su debilidad disfrazada de machismo, sin hacer nada y sólo esperando ser servidos por las mujeres. La reflexión se la deja al espectador.


Y si el espectador es curioso podrá encontrar la simbología que hay en el titulo de la película, para crear una metáfora de la relación que hay entre hombres y mujeres en Vietnam. La papaya verde es una planta que no se encuentra en los jardines, sino en la huerta. Los hombres de la película a su vez se encuentran siempre en los jardines, ociosos, descansando y viviendo a sus anchas, mientras que las mujeres están en la huerta, encerradas y trabajando.


El Olor de la Papaya Verde, aplica al pie de la letra ese refrán mexicano que dice; el mejor camino hacia el corazón de un hombre es por el estomago. Pero si hay una película que es la “Q” de “Que reina” a lo que se refiere a conquistar por medio de la comida, es sin duda la mexicana:

Como Agua para Chocolate.

Dirigida por Alfonso Arau y estrenada en 1992 es una adaptación de la novela del mismo nombre, escrita por Laura Esquivel. ¡joya! En su momento, tanto la novela como la película fueron un éxito mundial y ambas se convirtieron en clásicos muy queridos por el publico.


Como Agua para Chocolate nos cuenta la historia de Tita, la hija menor de una familia mexicana de principios del siglo XX. Según la tradición de su familia, Tita no podrá casarse nunca, ya que al ser la menor de las hermanas deberá quedarse soltera para cuidar a su madre en la vejez. Tita se enamora de Pedro, pero éste al verse impedido de desposar a Tita decide casarse con la hermana mayor y así estar cerca de su verdadero amor.


Tita está tan conectada con la cocina que logra que sus sentimientos se vean reflejados de manera involuntaria en los platillos que cocina. Así sus platillos obtienen el poder, no sólo de ser deliciosos, también de contagiar a todo aquel que los pruebe con los sentimientos de Tita, desde su tristeza, su dolor, su alegría, y hasta la calentura que le provoca Pedro, se quedan impregnados en la comida.


No hay cosa mas perfecta en la gastronomía que lo que vemos en Como Agua para Chocolate, esa capacidad de conmover al comensal y transferir tus emociones a los demás a travez de tu obra.


La película es un deleite visual, ¡nunca mejor dicho! y si eres de los pocos que no la han visto, tienes que verla… ¡deja de tener a Bety la Fea en el top 10 de Netflix y hazte el bendito favor! Y si ya la conoces es un buen momento para volverla a ver, tal vez acompañada de una rica cena para hacerle honor a los platillos que prepara Tita.

¿Recuerdas la primera vez que probaste un ramen? Ese delicioso platillo de fideos japonés. Pues el que podamos comer ramen fuera de Japón se lo debemos a una película en especial:


Tampopo

Estrenada en 1985 y dirigidas por Jūzō Itami, el éxito internacional de Tampopo ayudo a que el ramen fuera conocido fuera de Japón y se popularizara a tal nivel que ahora podemos encontrar restaurantes especializados en ramen, en prácticamente cualquier lugar del mundo.


Por cierto, Tampopo es el nombre japonés de esa pequeña planta silvestre que conocemos como diente de león y es también el nombre de la protagonista de está película. Tampopo es una joven viuda que tiene un restaurante en Tokio, especializado en ramen. Un día un par de camioneros llegan al negocio y quedan horrorizados con la mala calidad del ramen de

Tampopo así que se ofrecen para hacer de ella la mejor chef de ramen y lograr que su negocio triunfe.


Tampopo es otra película que nos muestra la importancia de compartir la buena cocina con amigos, sin embargo donde centra su atención es en la enseñanza de la gastronomía. Goro, el camionero, toma como su pupila a la joven Tampopo para enseñarle los secretos de la cocina, pero a la vez le da armas para defenderse en una sociedad machista y dentro de una industria cerrada a las mujeres.


El proceso de enseñanza es filmado a detalle y vemos una sucesión de platillos elaborados paso a paso en la pantalla; te va a dar pinches hambre después de 20 minutos de película y al terminar sólo querrás servirte una sopita instantánea de vasito.


Tampopo nos habla de la importancia de enseñar a otros como cocinar para mantener vivas las recetas. Recuerda que las recetas es un legado que permite el estudio del ser humano desde la comida y como se interrelaciona con sus semejantes.


La ultima película de la que hablare nos enseña algo muy importante, “Todo el mundo puede cocinar”. ¡La mejor película de cocina de todo el mundo! Claro, estamos hablando de:

Ratatouille.

Salida de Pixar en el 2007 y dirigida por Brad Bird; Ratatouille nos cuenta sobre Remy una rata de alcantarilla que busca materializar su sueño, ser un gran chef parisino. A pesar de la oposición de su familia por sus orígenes y del rechazo de cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento sanitario.


¿Qué podemos decir de Ratatouille que no se haya dicho antes? Es una emocionante película que combina, aventuras con comedia, drama de superación y la pareja dispareja de amigos, de una ratita neurótica pero encantadora; todo envuelto en amor a la gastronomía.

Ratatoille es una película que sorprende una y otra vez, empezando por el protagonista, ¡una rata¡, no hay nada mas alejado de lo que quisiéramos ver en la cocina que una rata. Y luego está ese villano, encarnado por el critico gastronómico Anton Ego, quien también nos sorprende al demostrarnos que no es ningún villano, solo está amargadito y que está mas unido a la rata Remy de lo que ellos pensaban; unidos, claro, por su amor por la comida. Es precisamente este personaje, Anton Ego, quien nos da una valiosa reflexión sobre el arte de la gastronomía, lo necesario de la critica para mejorar y sobre todo el amor a los platillos que marcaron esos momentos de felicidad en nuestras vidas.


Al ver Ratatouille, nos identificamos con ese critico gastronómico, porque al igual que él, nos quedamos sin palabras frente a esta obra maestra emparentada con la mejor cocina de vanguardia y su toque artístico para combinar la tradición con la novedad en una historia que nos fascinará para siempre.

 

Conozcas estas películas o no; te guste cocinar o no; seas crítico gastronómico o no; tus emociones están ligadas a la comida. A los domingo de huevita con la familia; al momento en que te volviste independiente; a los taquitos fabulosos que llevaste al amor de tu vida; o al tiempo que dedicaste para consentir a alguien. Porque estas películas nos muestran una de las parte más rescatable y vulnerables del ser humano que podemos poner en un plato… el amor.


De cine, mole y pozole es una transcripción del Podcast de Sincrético, Episodio 5